Michael Klare, en sus diferentes obras, nos habla de un cambio de orientación en los discursos y geoestrategias tras el final la guerra fría. Este nuevo discurso sería de un tipo más economicista que ideológico, con una nueva definición de poder (aunque el mismo autor, en artículos posteriores reconoce que tras el 11 de Septiembre de 2001 se retomó este discurso ideológico por parte de la administración Bush). Este nuevo tipo de poder e influencia ya no se basará en la posesión de un arsenal poderoso y el mantenimiento de unos sistemas de alianzas extensos, sino que estará asociado con el dinamismo económico y el cultivo de la innovación tecnológica. En cierta manera, esta idea podría unirse a la definición del proceso de decadencia que hace Wallerstein al hablar de que ante la pérdida de primacía económica, los EEUU deben utilizar su poder militar de una manera más extensa para mantener en cierta medida su primacía mundial.
Uno de los elementos clave para mantener esta primacía económica lo constituye el acceso a los recursos naturales esenciales para el desarrollo de las economías (petróleo, gas natural, recursos minerales o agua). Para el estamento militar estadounidense, dicha cuestión tiene especial resonancia ya que, como nos dice Klare (2003: 27) “los militares no pueden hacer gran cosa para fomentar el comercio, pero sí pueden desempeñar un papel clave en la protección de los abastecimientos”.
En este sentido podemos recoger también las palabras de Carlos Taibo (2002: 167) cuando nos habla de “la pervivencia de muchos flujos militares y políticos [...] encaminados a controlar yacimientos y vías de transporte”, afirmando a demás, que estas circunstancias llevan a “apuntalar la condición de determinadas zonas de conflicto”. Tenemos aquí entonces el argumento central de la obra de Klare, le recurrencia de los conflictos y la posibilidad de la guerra derivada de la militarización de las estrategias relativas al aseguramiento de los recursos naturales. Si bien Klare se refiere en último término al peligro de que los conflictos locales exacerbados puedan conducir a una conflagración entre las grandes potencias, lo cierto es que hoy en día, esta guerra por los recursos se da en el ámbito intraestatal de manera más común. Incluso yendo más allá en mi razonamiento, podemos decir que el estado de guerra perpetuo que se da dentro de las mismas sociedades (Foucault, 2003) supone la posibilidad para el grupo dominante de acceder a los recursos naturales vitales frente a los dominados, muchas veces desposeídos de ese derecho (como yo mismo he podido observar en barriadas pobres de la periferia centroamericana sin acceso a agua potable).
Respecto a la profusión de conflictos internos derivados del control sobre los recursos naturales, es interesante mencionar el trabajo de Murshed y Tadjoeddin (2007), en el que analizan dos perspectivas en relación al origen de los conflictos: greed y grievance, lo que podríamos traducir como codicia y agravios. En nuestro caso, nos interesaría mencionar cómo el término greed se refiere a las oportunidades que para los grupos armados supone el acceso a estas fuentes de recursos, oportunidades en tres ámbitos: financiación, recrutamiento y poder geográfico en áreas de difícil acceso donde se suelen encontrar las fuentes de los recursos naturales. En definitiva, para ellos, greed se refiere a la oportunidad económica de la lucha, o en otras palabras, el coste de oportunidad de no hacerlo. Hay que puntualizar en cierta medida, que estos autores se refieren a bienes fácilmente transportables, como los diamantes o los minerales preciosos, aunque sin dejar fuera de estas dinámicas otro tipo de recursos como el agua o el petróleo, cuyo control genera cuantiosos beneficios.
También en cierta manera podemos ver en esta tendencia a la militarización del problema de acceso a los insumos necesarios para nuestras sociedades postindustriales, en línea con esta codicia de los actores, ciertos intereses corporativos de la industria armamentística y de los militares. El increíble nivel de gasto que conlleva la competición de las diferentes potencias por asegurarse los recursos y vías de acceso a estos, lleva a un círculo vicioso del que es difícil salir y que dota de gran poder al estamento armamentístico en todas sus variantes. Como nos dice además Klare (2002),
la opinión pública estadounidense entiende la necesidad de emplear militares en la protección de los abastecimientos vitales...en un época en que las justificaciones tradicionales del gasto militar por motivos de seguridad han perdido mucha fuerza.
Pasemos ahora a un elemento que en mi opinión desbordará el problema del petróleo: el agua. El agua sin duda genera hoy en día y generará en el futuro múltiples conflictos violentos, ya que, si bien el petróleo en el futuro podría ser sustituído por otras fuentes de energía, es bastante difícil prever que podamos superar nuestra necesidad de agua dulce para subsistir. Si para muchos estados la planificación estratégica se orienta hoy a la protección de los yacimientos de petróleo y gas, para otros, no es el petróleo ya sino el agua la preocupación principal.
Si bien Klare habla de tres cuencas especialmente conflictivas, la del Nilo, el Jordán y la del Tigris y Eúfrates, este problema no es exclusivo de los estados en vías de desarrollo. Tenemos un ejemplo de esto en España, con un alto nivel de conflictividad entre diferentes Comunidades Autónomas, pero que, como dice Taibo (2002), también está presente en buena parte del occidente de los Estados Unidos. Según avance el cambio climático y la desertización, nos dice dicho autor (2002:165), en el año 2025, si la dinámica no cambia, “las dos terceras partes de la población mundial se verán afectadas por problemas vinculados con la escasez de este bien”
Respecto a la problemática del agua, me gustaría introducir un elemento que Klare no considera, pero que en mi opinión, deber ser contemplado como un elemento de emergente importancia estratégica para el futuro: la creciente privatización del agua. Vandana Shiva (2005:53) lo expresa muy bien al hablar de
Los cercamientos de commoms (“ejidos”) diversos de los que somos actualmente testigos (como la privatización del agua y las patentes sobre las formas de vida y la biodiversidad) tienen sus raíces en aquel primer movimiento de cercamientos, el mismo que alguien ha acertado en llamar la «revolución de los ricos contra los pobres»
Las grandes compañías del agua: Suez, Vivendi, Bechtel, Thames y RWE, amparadas por los acuerdos de la OMC, han sido capaces de demandar a Estados como Canadá y de cortar el suministro de un bien básico como el agua a 10 millones de personas en Suráfrica por impago (Shiva, 2005:58). Podemos imaginar que, al igual que las grandes compañías estadounidenses van antes y tras el ejército en múltiples ocasiones (como hemos visto en Iraq) en relación a las explotaciones petroleras, esto mismo pueda suceder respecto al agua.
Bibliografía
- FOUCAULT, Michel (2003) Hay que defender la sociedad. Madrid: Ed. Akal
- KAPLAN, Robert D. (1994) The Coming Anarchy. How scarcity, crime, overpopulation, tribalism, and disease are rapidly destroying the social fabric of our planet, The Atlantic Monthly, Febrero. Disponible en http://www.theatlantic.com/doc/199402/anarchy
- KLARE, Michael T. (2008) “La nueva geopolítica de la energía” en Sin permiso. [on-line]. 11 de Mayo 2008 [ref. de 14 de Mayo 2008] Disponible en www.sinpermiso.info
- KLARE, Michael T. (2003) Guerras por los recursos. Barcelona: Ed. Urano.
- MURSHED, S. M. y TADJOEDDIN, M. Z. (2007) Reappraising the Greed and Grievance Explanations for Violent Internal Conflict. MICROCON Research Working Paper 2, Brighton: MICROCON.
- SHIVA, Vandana (2005) Manifiesto para una democracia de la Tierra. Justicia, Sostenibilidad y Paz. Barcelona: Ed. Paídos.
- TAIBO, Carlos (2002) Cien preguntas sobre el nuevo desorden mundial. Madrid: Ed. Suma de Letras.
- WALLERSTEIN, Immanuel (2005) Análisis del sistema mundo. Méxido DF: Ed. Siglo XXI
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