miércoles, 16 de abril de 2008

Estados y sistema financiero: ¿quién usa a quién?

La utilización de la economía como un arma de dominio es un hecho que a simple vista podemos deducir si pensamos en los infaustos Planes de Ajuste Estructural al que fueron sometidos estados de todo el mundo por el FMI y el Banco Mundial a partir de los años 80, interviniendo en ámbitos domésticos y reduciendo así la soberanía de dichos estados a través de condicionamientos económicos. También podemos deducirla del uso que la Unión Europea hace de los acuerdos comerciales, en los que, siendo benévolos por esta vez y sin que sirva de precedente, se incluyen desde hace unos años cláusulas relativas a la democracia, es decir, aspectos políticos.

Sin embargo, la visión de Peter Gowan (2000) respecto al uso de los EEUU de su primacía monetaria para imponerse en el mundo es especialmente reveladora, sobre todo en su tratamiento de la crisis asiática, que parecía acabar con la fama de un modelo de desarrollo exitoso y contrario a las políticas propugnadas por los organismos financieros internacionales y sus economistas neoliberales. Tanto más revelador es su trabajo cuanto que a la vista de las políticas desarrolladas por la Administración de Bush hijo, el gobierno de Clinton parece un periodo de feliz multilateralismo lleno de “bondades”.

Al leer las líneas de Gowan, me han venido a la cabeza las obras de otros dos autores, bajo mi punto de vista imprescindibles, que mantienen similares perspectivas al del propio Gowan respecto a la interacción de la economía y la política y el alejamiento en la realidad de esa neutralidad del mercado defendida por las teorías económicas clásicas. Estos dos autores son Susan George y Ha-Joon Chang y las obras a las que me quiero referir son, respectivamente, La trampa de la deuda y Retirar la escalera.

En el primero de estos trabajos, Susan George traza con magistral estilo y una gran profusión de datos el desarrollo del proceso por el que los países en vías de desarrollo entran en una espiral de deuda con instituciones financieras internacionales que les lleva casi a la crisis y por ende a la crisis del sistema financiero mundial. Esta autora afirma la existencia de diversos actores que «están trabajando juntos, de forma más o menos coordinada, para mantener controlado al Tercer Mundo» (George, 1990: 16). A este conglomerado, que surge de manera más reconocible tras la crisis financiera de México en 1982, lo denomina el Consorcio y en conjunto podríamos considerarlo un precedente del sistema que lidera EEUU y que nos describe Gowan.

La obra de Ha-Joon Chang, Retirar la escalera, toma una perspectiva más comercial, acercándose al concepto de neomercantilismo que plantea Gowan al principio del capítulo VI de su obra La apuesta por la globalización. Hace un recorrido por los procesos de desarrollo llevados a cabo por los países actualmente desarrollados, descubriendo su base proteccionista y el uso de la acción política e incluso a veces criminal para lograr una posición de predomino en el mundo. Coincide ampliamente así con Wallerstein (2005: 44) cuando este destaca las capacidades de los estados fuertes para usar la fuerza y prevenir que los estados más débiles desarrollen medidas contraproteccionistas. Un ejemplo de estas políticas “económicas”, paralelo al papel de los EEUU mostrado por Gowan nos lo da Chang (2004:101):

Aparte de las colonias formales, los intentos británicos (y de otros PAD) de impedir el desarrollo de las manufacturas en países menores desarrollados tomaron la forma, principalmente, de la imposición del libre comercio a través de los llamados “tratados desiguales” durante el S.XIX. Estos tratados solían imponer techos arancelarios...

Frente a este proceso, la alternativa que hoy ofrecen las grandes potencias económicas, principalmente a través de las organizaciones financieras internacionales y de comercio que son manejadas por estas potencias, es la liberalización absoluta, es decir, la desprotección general ante las agresivas políticas comerciales y financieras de los diferentes agentes provenientes de estas naciones (multinacionales, bancos, grupos de inversión…) Como coreano, Ha-Joon, es consciente del modelo alternativo ofrecido por los países del sudeste asiático, un desarrollo autocentrado y basado en el desarrollo tecnológico e industrial, lo que le ha llevado a ser un serio competidor de las naciones occidentales.

Desde hace mucho tiempo ha habido un debate ideológicamente cargado sobre las causas del “milagro” económico del Japón y de los Nuevos Países Industrializados de Asia Oriental durante las últimas dos o tres décadas [...] hay un amplio consenso de que el crecimiento espectacular de estos países, con excepción de Hong Kong, se debe fundamentalmente a la puesta en práctica de unas políticas industriales, comerciales y tecnológicas (ICT) activas por parte del Estado. (Chang, 2004: 97)

En vista de este éxito, este modelo fue puesto como ejemplo a seguir por otras naciones en vías de desarrollo en su camino hacia una inserción feliz en la economía globalizada[1]. Es en este momento donde el valioso análisis de Gowan nos muestra el uso de las herramientas económicas al alcance de los EEUU para desprestigiar este modelo que se oponía a su discurso global y que era un serio competidor en la economía real. Las medidas a las que fueron obligados estos países estaban dirigidas a debilitar sus economías y hacerlas vulnerables, en lugar de mejorarla, pues estas medidas «¿Resultan tan necesarias que, según el punto de vista del establishment de las políticas internacionales de desarrollo, deben imponerse a estos países mediante unas poderosas presiones externas bilaterales y multilaterales?» (Chang, 2004: 216)

Sin embargo, la cuestión clave en la obra de Gowan desde la dinámica mundial actual, marcada por una crisis económica desencadenada a la sombra del descontrol financiero y la especulación es si será posible controlar la situación alimentada por los poderes de EEUU y la Unión Europea, o si serán devorados por sus propios hijos, a los que ya no puede “poner el lazo”. El análisis sobre la falta de realidad de una economía estadounidense que depende para su subsistencia de la ruina de los países de la periferia es absolutamente actual, con un EEUU que sufre un déficit comercial exagerado (y que se podría analizar de forma más minuciosa para encontrar elementos de la importancia de su desequilibrio respecto a China), una deuda que crece a la par que los muertos en Iraq, una burbuja inmobiliaria que ya explotó y un sector financiero que no puede gobernar, en el que no paran de surgir escándalos y hay una falta de transparencia absoluta. Ya Susan George (1990:51) apuntó en su obra la cuestionabilidad de la estabilidad institucional del sector financiero al considerar su exposición crediticia en el Tercer Mundo, exposición que hoy podríamos trasladar a las hipotecas de alto riesgo y fondos de gran volatilidad. Sin embargo, habrá que esperar a ver si el nuevo inquilino de la Casa Blanca mantiene el principio de Reagan, quien

puso en orden el poder del gobierno federal y los recursos del Tesoro de los Estados Unidos para preservar la solvencia del sistema bancario estadounidense y proteger a cada banco de las consecuencias de sus poco atinadas decisiones relativas a los créditos. (The Impact of the Latin American Debt Crisis on the US Economy citado en George, 1990: 58)

Cabe preguntarse entonces si este puede ser el momento en el que la decadencia estadounidense se acelere, cuando necesita de sus socios para gobernar a unas economías emergentes cada vez más fortalecidas (China e India), tiene una dependencia energética difícil de superar y donde ese sistema Dólar-Wall Street pueda verse sustituido por un euro moneda de referencia mundial. Aún hoy, EEUU mantiene su política cambiaria y de tipos de interés como medio para asegurarse ventajas económicas, pero el margen de acción cada vez es menor a medida que la crisis económica se instala en sus estructuras. Además, para concluir, volviendo a la última cita del libro de Susan George en la que era el gobierno de Reagan el que estaba a disposición del sistema bancario, debemos cuestionarnos sobre “quien controla a quien” hoy en día, si realmente el sistema financiero está al servicio de la política estadounidense o si es un juego de freelance en un sistema-mundo en el que los Estados son jugadores secundarios y donde los EEUU representan el Estado fuerte que pone su maquinaria al servicio de un monopolio (Wallerstein, 2005: 43)

Bibliografía:

  • Chang, Ha-Joon (2004) Retirar la escalera. La estrategia del desarrollo en perspectiva histórica. Madrid: Ed. La Catarata.
  • George, Susan (1990) La trampa de la deuda. Tercer Mundo y dependencia. Madrid: Ed. IEPALA
  • Gowan, Peter (2000) La apuesta de la globalización. La geoeconomía y la geopolítica del imperialismo euro-estadounidense. Madrid: Ed.Akal
  • Wallerstein, Immanuel (2005) Análisis del sistema-mundo: una introducción. México DF: Ed. Siglo xxi


[1] A pesar de que Gowan utiliza el término globalización para referirse de forma exclusiva al sistema económico liderado por las potencias occidentales imperante, en el que hay una primacía evidente del capital financiero frente al productivo imperante, en mi opinión es adecuado hablar de globalización económica, pues múltiples autores se refieren a otra clase de globalizaciones, como la cultural, o la tecnológica entre otras.